Nos queman la literatura.
Mientras esta hoja se cubre de letras, millones de otras hojas se cubren de
llamas. Arde El Bosque Animado, desde Furacroios hasta el alma en pena de Fit
de Cotobelo, todos sus habitantes huyen asustados. El bandido Fendetestas
ignora quien ha sido, quien ha generado tal despropósito; siendo él de los
buenos malos, detesta a los malos de verdad, a los del daño sin sentido. Las
gentes abandonan las aldeas, los mesones se vacían por el miedo, las posadas ya
no acogerán caminantes en muchos años. La Fraga de Eume incendiada… negro por
verde, muerte por vida, gritos por cantos. Wenceslao Fernández Flores se
revuelve en su tumba lanzándose a escribir una crónica quejumbrosa, doliente,
gravemente molesta.

Nos queman la literatura. Nos
dejan despaisajados como declamaba Ortega y Gasset. Y la literatura sin
paisaje, se merma y se empobrece. Delibes no concebía una historia sin un
paisano, un paisaje y una pasión, y ahora los tres sufren de la amnesia que provoca
el fuego. Y hasta ahora no ha habido, a penas, libros sin árboles; todo libro
ha sido árbol…los viejos libros huelen a bosque en otoño, a pisadas secas en un
invierno sin lluvias.
Nos queman la literatura. Nos
dejan sin escenario narrativo en un mes en el que debemos celebrar la entrada
de un Escritor de la Naturaleza con mayúsculas, en la Real Academia de
Extremadura de las Letras y las Artes. Un planbosques activo, un plantalibros
reconocido, un hortelano de la palabra. Un pastor de cabras con el que he
compartido el triscar por la sierra de las Corchuelas siguiendo cencerros y
cornamentas. Paradojas de la vida que el creador del Bosque de Bosques sufra la
pérdida del Bosque Animado, literal y literario, en la semana en que los
músicos, pintores y escritores le reconocen como uno de los suyos. El maestro y
amigo Joaquín Araujo entra en la Academia sembrando vivacidad.

Pero tenemos manos. Manos para
agarrar la azada y devolver la Sonata del Bosque a esta fraga atlántica. Para
meter en la tierra las semillas que la primavera despertará, para levantar de
nuevo el telón y que los decorados revivan. No nos queda otra que plagiar a Elzeard
Bouffier el personaje de Jean Giono, quizás uno de los pocos plagios
plausibles. Imitar su altruismo plantando sin cesar día a día, año a año. Así
gozaremos de nuevos escenarios de inspiración, caldos de cultivos de versos y
aforismos. Cultivaremos vocaciones que lleven sus inquietudes a la escritura, a
querer narrar lo vivido y observado, a aprender para enseñar. Plantaremos
libros al igual que el académico Araujo.
Pero tenemos manos. Manos para
teclear y reclamar en periódicos de papel y digitales justicia para el monte,
justicia para los que de él viven y sobreviven. En cada pastor, cada agricultor
o cada hostelero del turismo rural, nos hemos de ver reflejados porque todos
somos usuarios y beneficiados de la Fraga de Eume. Su oxígeno nos ha llegado,
su biodiversidad ha pasado por nuestros parques y pueblos, sus historias han
alimentado nuestras lecturas y sueños. La Fraga es nuestro bosque, tanto como
la dehesa o el rebollar. Sirvan pues estas manos, las que ahora veo sobre el
teclado como herramientas de esa repoblación. Y las suyas, las manos que ahora
sujetan esos árboles convertidos en páginas serán bienvenidas. Si queremos ver
florestas miremos nuestras manos.
A todos, como a Joaquín nos debe
amparar y enseñar lo mirado. Gracias Araujo por atalantarnos con tus letras.