Son muy escasas las ocasiones en
las que uno es consciente de estar asistiendo a un momento realmente mágico.
Resulta cuan menos difícil ser consciente del privilegio de participar de un instante
de alegría compartida, en estos tiempos en que da miedo poner la radio,
encender la televisión o asomarse a un periódico. Y si todo se debe a un
recital poético, es imposible que se junten más de cincuenta personas a
sentarse para escuchar. Por todo ello, parece poco probable que más de doscientas
almas se acerquen hasta el alto de la Peña del Castillo, en Juzbado, para
concelebrar los versos de Paca Aguirre y Félix Grande. Ambos grandes poetas,
ambos grandes personas, mutuamente prolongados amantes. Tienen la dicha, además,
de ser reconocidos por críticos y galardones: Premios Nacionales de Poesía,
Premio Miguel Hernández, Premio de hacerse felices el uno al otro durante
cincuenta y tres años...
Ni
bombo ni boato, ni dispendios o parafernalias, nada de estos ornatos han sido
testigos de las aproximaciones cuerpo a cuerpo de los antecesores en el Libro
Abierto al Paisaje. Pues este es el nombre de los encuentros de poesía y
naturaleza que se suceden en la localidad. Antonio Colinas, Juan Carlos Mestre
o Antonio Gamoneda se mezclan y entremezclan con las mujeres, hombres, jóvenes
y niños del pueblo, para ser testigos de que otra cultura y ocio no sólo es
posible sino real. Es que a todos ellos les hemos escuchado la misma expresión
en mitad del encantamiento: Que ocurra esto, ¡Es imposible!
Queda
este día como prólogo de la primavera, con un marzo donde las aves se empiezan
a querer. Ya se silban los milanos negros cuando las cigüeñas se hacen
carantoñas y crotoreos. Ya se persiguen los martines pescadores y los
aguiluchos laguneros se enredan en los carrizos. Son tímidas las prímulas en
los rebollares, mínimas las verónicas en los jardines, anónimos los senecios en
los caminos. Llegaron ya aviones y golondrinas que observan atónitos la
ausencia de barros para sus nidos. A ver si llueve de una vez como Dios manda.
Aprovechen
para fascinarse en este mes de los preludios de la fertilidad. Los vuelos
nupciales y los reclamos se dan cita en el cielo de su ventana, en el jardín
más próximo o en las afueras del pueblo. Es sin duda la época del año en la que
más eventos tienen lugar en el campo. Sean testigos de la rápida floración que
tendrá lugar en el momento que se hidrate el paisaje. Todo ello será un buen
momento para la poesía, o mejor dicho, todo ello será poesía.