martes, 10 de enero de 2012

Nueva columna en el periódico El Adelanto: " Etiquetas que pitan"


            Estos días hemos recibido, si la bondad nos ha caracterizado a lo largo del año, uno o varios presentes. Los monarcas mágicos o su colega de nívea barba y bermejo atuendo nos han dejado obsequios más o meno anhelados. Todos llevan sus etiquetas que nos dan información variada de su lugar de fabricación, composición, condiciones de lavado – en caso de vestimenta - ingredientes – en caso de alimentos – así como otros códigos alfanuméricos de significado a priori incomprensible. También se ilustran con ese conjunto de barras que dan un toque africano al conjunto cual cebra simplificada.



            Tengo la excéntrica costumbre de leer las etiquetas. Esta literatura breve y críptica nos aporta más información de la que creemos. Por ejemplo nos cuentan que la mayor parte de los ropajes que van sobre nuestro cuerpo proceden de Asia oriental, o que los alimentos que consumimos han viajado por el mundo más que muchos de nosotros, antes de llegar a nuestra boca. Dentro de esta última dimensión espacial me llaman la atención las verdades ocultas que se nos escapan. Me refiero al hecho de que marcas tradicionales y conocidas de viandas, en realidad sólo se envasan en España. Por ejemplo, el conjunto de marcas asociadas a los espárragos conocidos como Cojonudos (perdón por el exabrupto) y que consideramos navarros, son cultivados en China. Los pimientos del Piquillo que como propios los compramos se crían en Perú. O las legumbres de marca leonesa, tan clásicas, recorren el Océano Atlántico en barcos contenedores desde Canadá o EE.UU.

            Me resulta incompresible que con tan buenas lentejas y garbanzos que se crían en La Armuña, y que dan trabajo a nuestros paisanos, veamos en los supermercados estos productos traídos hasta de Méjico. Yo por mi parte consumo estas leguminosas a partir de las cultivadas en el oeste salmantino o las procedentes de Fuentesaúco. Lo hago por coherencia, pues creo que hay que tratar de proteger a los habitantes de nuestros pueblos adquiriendo los alimentos que producen. También lo hago por la salud del medio natural, sólo hay que comparar el consumo de combustibles de unos garbanzos mejicanos con los sembrados en Pedrosillo. Y por último, por el puro placer de seguir viendo esos paisajes de llanura machadianos donde pueden criar avutardas y aguiluchos cenizos: estos cultivos protegen la biodiversidad.


            Pero cambiando de tercio y llegando al título de la columna, ando últimamente encabritado con otra faceta de las etiquetas. Se trata de esos dispositivos de seguridad que llevan y provocan que uno pite después de haber comprado el producto, cuando entra en distintos establecimientos. En mi caso me sucede con la ropa de adquirida en esa gran superficie del deporte (eufemismo para no mencionar marcas). Cuando accedo a esas otras grandes superficies de la alimentación, siempre me tengo que sonrojar cuando al pasar por esas columnas de seguridad sueno como un semáforo abierto a los peatones. Y la situación se complica cuando hay un guarda que te pasa ese escáner manual de manera poco decorosa. Unos y otros establecimientos tienen que analizar esta situación, pues incomodan a muchos clientes que optan por cambiar de lugares de compra, al ver afectada su intimidad e incluso su dignidad. También me preocupa el efecto sobre la salud no suficientemente estudiado de dichos dispositivos. En un entorno donde vivimos rodeados de ondas de móvil, señales de wi – fi  y etiquetas que pitan, uno se siente un tanto indefenso y vulnerable. En fin, aprovecho para desearles un 2012 grato, complaciente y leal con nuestra realidad.

5 comentarios:

Angel Garcia 'Lilloman' dijo...

Estupendo artículo, enhorabuena.
Y con verdades como puños...
Sinceramente a mí también se me sorprenden ciertas actitudes y se me escapa de la cabeza cómo podemos ser tan cenutrios, dicho con cariño y si se me permite la expresión, y valorar o comprar este tipo de productos que vienen de no sé dónde cuando tenemos a nuestros vecinos que los producen con igual o superior calidad.
En mis visitas al país francés una de las cosas que envidio es ver la importancia que dan a su agricultura, a su ganadería... y a sus productos en general... Vas al supermercado de turno (no sólo los mercados de barrio, también las grandes superficies) y todos los productos de su zona están bien identificados, publicitados y tienen un valor añadido que le confieren ellos mismos... ¿¡Porqué aquí no somos capaces de hacer lo mismo!?
Una pena, la verdad.
Tenemos en nuestras comarcas estupendos productos que son fruto del esfuerzo de manos expertas. Son varias las generaciones de trabajadores que se encargan de cultivar la tierra y cuidar el ganado para que luego podamos disfrutar en la mesa y cuidar nuestra salud...
Un atractivo y un potencial de productos (fruta, verdura, carnes, lácteos...) de gran calidad.
Y luego compramos los que vienen desde China, Perú o la luna...
Lo dicho, somos unos cenutrios...
Feliz 2012.

Anónimo dijo...

Hola, gran artículo, enhorabuena.
En cataluña, sus productos están diferenciados con respecto a los demás (Ver foto), es una pena que solo miren por cataluña y no por el resto del país pero me parece una buena iniciativa.
Un salmantino.

manolopuados dijo...

Y también me indigna la preocupación de muchos para que el producto no sea catalán o vasco y después les miras y su ropa es de Mango,su pañoleta de moda de Tarrasa,...etc.Solo saben diversificar entre lo nacionalista o lo regionalista.No importa nada si el producto es de Corea del Norte o Corea del Sur,eso si, que no sea Cava aunque sea Champan "Gabacho"

Patricia dijo...

Totalmente de acuerdo con Lilloman, somos muy cenutrios (sin tanto cariño). Veámos los coches oficiales que se usan en Francia , qué casualidad si son Citröen y en ¿Alemania? vaya, pues Mercedes y en ¿España?, vaya pues Audis, Mercedes...vamos que ni un solo Seat!!, A eso le llamo yo por mirar por un país, ja, ja...

Emiliom dijo...

Buen articulo. Sobre lo que comentaís, siempre he tenido la sensación de que aquí se piensa que lo mejor es lo de fuera. Pero el problema creo que es el tener que rebuscar entre las etiquetas el origen de los productos que compramos. Me cabreo cuando para comprar unas naranjas "autoctonas" tengo que buscar el origen en la etiqueta(que suele estar en letra bien pequeña), pues a la mínima me las cuelan de Argentina, Chile, etc., Y este es solo un ejemplo.